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lunes, 13 marzo 2006

Flaqueza humana

Casi el 78% de los accidentes automovilísticos corresponden a errores humanos.
Si las personas nos limitaramos a cumplir estrictamente nuestro trabajo concentranso en el mismo toda nuestra atención, salvo imprevistos ajenos a nuestra respondabilidad, todo debería ser al menos normalo desarrollarse como se espera.
Sin embargo, somos humanos, y como tales, cuando hacemos un trabajo no es extraño que nuestra mente divague por cuestiones personales que en muchos casos nada tienen que ver con la labor que en ese momentos nos ocupa. Así, por ejemplo, mientras manipulamos una herramienta, mas si estamos solos, podemos estar pensando en la comida especial que almorzamos, en la noticia espectacular que vimos antes de ir al tabajo, en por qué la novia dijo lo que dijo ayer por la tarde, y en un sin fin de temas en los que nuestra mente suele saltar en cuestión de segundos. Podríamos decir entonces que cuando realizamos un trabajo manual estamos la mayor parte del tiempo "metidos en otra cosa". Incluso esto podría perfectamente aplicarse también a los trabajos de oficina. No es raro que veamos a un secretario rellenando u memorandum mientras silva una canción o que leamos el mismo memorandum pensando en las playas a las que iremos mañana por la tarde. Y por supuesto, como somos humanos, estas "distracciones" en las que estamos metidos la mayor parte de nuestras vidas, nos predispone a cometer errores. Tal vez de ahi el dicho "errar es humano..."
¿Y que pasa cuando alguien se equivoca cerca de nosotros con alguna acción que nos afecta? Solemos encolerinarnos y si podemos, demosrtarle al equivocado que ha cometido un error, refregarle en la cara en algunos casos, "rasgarnos las vestiduras" tal vez, pero olvidando algo... que nosotros tambien hemos cometido errores y que también los cometeremos.
Y esto sucede en todos los ordenes de la vida y por lo tanto también en los asuntos bomberiles. Claro que un error en nuestro ámbito, cuando se produce en plena intervención, puede traducirse en una casa quemada, en un bombero muerto o en otra víctima. Sin embargo, ni siquiera en esos casos extremos uno debe ensañarse con la persona que cometió el error y salvo que lo haya cometido a propósito, es nesario comprender que actuo de buena fe y a pesar de la sanción o expulsión que pueda acarrearle, ya sufrió el peor castigo que es la propia culpa. Entonces los buenos dirigentes deben preocuparse por tratar de calmarlo y recuperarlo. Por otro lado, mejor que castigar y vociferar su mala acción, para engrandecimiento de la Institución, se debe revisar la acción o acciones que ocasionaron el error, evaluar los procedimientos llevados a cabo, reconocer tal vez que cualquiera hubiera podido equivocarse y establercer lo que puede mejorarse para que no se repita, y mejor aun si esto se hace entre todos los involucrados para que cada uno se sienta parte de.
Todos los hombres pueden equivocarse, pero solo los hombres inteligentes pueden no enfadarse y aprender de los errores ajenos y mas aun de los propios.